Manantial Entre Arenas

LA LENTITUD COMO FORMA DE VIDA

Por: Alberto Calderón P.

La aceleración de nuestra forma de vivir, en los traslados, la comunicación, el acto de comer y todos los relacionados con nuestra existencia nos llevan a realizarlos en el menor tiempo posible, las manecillas del reloj controlan nuestra existencia.

Hemos desarrollado una especie de motór interno que nos dice en todo momento como ahorrar tiempo logrando la máxima eficacia, las empresas y compañías lo practican, llegar a u restaurante en donde en minutos te sirven y aun no terminas cuando te presionan para recoger los platillos por que el siguiente o la cuenta ya la tienen lista para servir, que consumas y te vayas de inmediato, algo indebido pero que de tanto hacerlo se nos vuelve costumbre. ¿En realidad vale la pena hacer todo más rápido?, recordemos que la evolución opera bajo el principio de la supervivencia de los más aptos no los más rápidos. Nos sorprendemos por los avances en la tecnología, esta se da a pasos agigantados y parecería que no la podemos alcanzar, esforzando nuestras capacidades para comprender y seguir a la velocidad que evoluciona, pero recordemos que no todo es conveniente acelerando las cosas, si lo haces pagarás las consecuencias como lo que sucede con la esclavitud del teléfono celular que hoy en día para mucha gente es como una extensión de su cuerpo.

Si lo analizamos con un poco más a detalle nos encontraremos que una vida apresurada nos llevara a ver las cosas como se dice coloquialmente “por encima”, de forma superficial, perdiendo el verdadero contacto con el mundo y esto es con la familia, los amigos, la sociedad, ya lo decía Milan Kundera en su libro “La lentitud” “cuando las cosas suceden con mayor rapidez, nadie puede estar seguro de nada, de nada en absoluto, ni siquiera de si mismo”.

Hemos olvidado el ambiente que envuelve la espera, teniendo la paciencia como un elemento de nuestra naturaleza humana y del goce que representa el momento cuando llegan las cosas, recordemos cuando pequeños la víspera de la navidad, los reyes o los cumpleaños, la emoción que embargaba la espera del día señalado y como celebrábamos su llegada, esto se nos va de las manos, perdemos de vista el análisis, el recuerdo, el permanecer a solas con nuestros pensamientos, la meditación y reflexión. Nuestra obsesión por la rapidez y el ahorro de tiempo nos convierte en irracionales, el paso de las circunstancias nos retrasa ya sea por el tráfico, los centros comerciales, las ventanillas de pago, esperar ya no es tolerado, ahora la furia despierta a un ser que se desespera y se vuelve irracional trastocando las relaciones personales. Como vemos ser rápido tiene que ver con encontrarse atareado, actuando de forma agresiva, haciendo un mayor número de cosas en un menor tiempo dejando atrás la calidad de las mismas, la impaciencia nos lleva a elevar nuestro estrés propiciando con ello el mal funcionamiento de nuestro organismo y nos hace susceptibles al incremento de las enfermedades cardiacas.

Por el contrario actuar con lentitud nos hace ser más cuidadoso con lo que se realiza, nos hace ser más reflexivos y serenos en nuestros actos, las cosas se realizan con mayor calidad, se es más receptivo, se desarrolla la intuición y se es más paciente.

Uno de los propósitos de este nuevo año debería ser; no andar a toda velocidad, dar más tiempo a la relación de familia y amigos ¿Usted que opina?

Xalapa2000@hotmail.com

Integrante de la Red Veracruzana de Comunicadores (REVECO)

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