Confetti

ACOMPAÑANTES AÑEJAS

2ª parte

En la obra maestra de Sófocles “Edipo Rey” escrita hacia el año 430 a. C., la epidemia se presenta en la forma mitológica y literaria característica de la tragedia griega, la peste que asola Tebas es el punto de partida para que Edipo cumpla su destino, no sólo es el pretexto, además es una metáfora de la violencia que se expande por la ciudad de manera contagiosa. Narra que lapoblación se encuentra conmovida violentamente por la desgracia, con la muerte de niños, adultos y animales, los campos se secan a causa de la enfermedad.

Gracias a la  obra “Historia secreta de Justiniano” del historiador bizantino  Procopio de Cesárea, sabemos que en el año 540 de nuestra era, Bizancio fue azolada por una terrible epidemia de peste bubónica, la primera pandemia que ha dejado huella en la historia, se supone su propagación por toda Europa meridional, ya que Grégoire de Tours en sus historias describe como hacia el año 590 la peste devastó poblaciones del sur de Galia.

En 1348 la peste se apodera de Florencia, Giovanni Villani, escritor, político y cronista de esta ciudad, había empezado su obra Nueva Crónica en 1330, importante recopilación de la vida florentina, obra que fue abandonada en 1347 cuando enfermó por la peste que lo mató al año siguiente, antes de morir tuvo tiempo de relatar el avance de la epidemia, su evolución y el número de defunciones. Su hermano Matteo en su Crónica de 1363 hace el balance de la enfermedad calculando que murieron 50 mil personas en la ciudad atribuyéndolo a un castigo divino; posteriormente se relacionaron los brotes de pandemias al paso de algún cometa.

La obra de Bocaccio, El Decamerón escrita entre 1351 y 1353, también está ambientada en Florencia, narra que para huir de la peste 7 mujeres y 3 hombres aristócratas se confinan en una residencia de campo, cada noche para aligerar el aislamiento cuentan una historia, en total 100 cuentos, muchos de ellos eróticos, algunos alegres y otros trágicos, leídos durante 10 días. En la introducción de la obra, para situar el contexto de los protagonistas, relata los horrores de la peste bubónica:.” Y no era como en Oriente, donde a quien salía sangre de la nariz le era manifiesto signo de muerte inevitable, sino que en su comienzo nacían a los varones y a las hembras en las ingles o bajo las axilas, ciertas hinchazones que algunas crecían hasta el tamaño de una manzana y otras de un huevo, que eran llamadas bubas por el pueblo, inmediatamente comenzó la calidad de la dicha enfermedad a cambiarse en manchas negras o lívidas que aparecían en cualquier parte del cuerpo”.

Desecho por el dolor el poeta italiano Francisco Petrarca recopila en su obra “Cancionero” los 366 poemas que compuso en honor a Laura, la mujer que amaba,  quien en abril de 1348 fue víctima de la epidemia de peste negra en  Aviñón, su cadáver yacía entre los cientos de muertos, esta epidemia se repitió en sucesivas oleadas llegando a matar millones de personas en su transmisión que duró hasta el año 1490. En su obra “Las rimas en vida y tras la muerte de la madona Laura”, Petrarca desborda el dolor y el coraje por esta pérdida en hermosos poemas. En su correspondencia con familiares y amigos, entre ellos Bocaccio, reunida en el volumen Epistolae Metricae culpa al destino y exalta su desconfianza hacia los médicos y le menciona: “Historiadores que enmudecen; médicos que no saben ; filósofos que fruncen el ceño y elevan los brazos desconcertados “ […] “Si cien hombres se guiaran por su natural instinto y sentido común sin doctores, no tengo dudas que este grupo estaría mejor”.

Tema atractivo para escritores de todas las épocas han sido las epidemias y sus consecuencias, el listado es amplio y variado, autores como Nicolás Maquiavelo y su obra “Descripción de la peste en Florencia en 1527, Alejandro Manzoni ( siglo 19) con “Los novios”, Daniel Defau: “Diario del año de la peste”, Mary Shelley: El último hombre”,  Alejandro Pushkin con “Banquete en tiempos de peste”, y Samuel Pepys “La gran peste” (de 1665); por citar algunos, nos llevan a revivir y sentir la tragedia en carne propia.

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